Pues el sentido de esta costumbre es económico, ni más ni menos. Y tiene que ver con la pigmentación de las telas. Es muy interesante conocer el origen de esa elección que los invitados y familiares tienen que hacer ante un nacimiento de un bebé y un bautizo, ceremonia que en Simboliza lleva por nombre ‘Bienvenida al Mundo’.

Este reparto por colores no siempre fue así. De hecho, en las antiguas realezas los niños vestían de rosa. El rojo era el color del rey, y lo era porque se trataba del tinte más caro que existía… vinculado, por tanto, a la corona y a sus ceremonias y fastos; de este modo, el rosa era el tono del príncipe heredero (una tonalidad ligeramente ‘inferior’ a la del monarca). Mientras, la gama del azul se asociaba al manto de la Virgen y a lo femenino y puro (a la mujer, por tanto); pero la billetera lo interpreta mejor: era el segundo color más caro en la gama de pigmentos e iba a la ‘segunda’ en la esfera social del momento: la mujer.

principe heredero retrato

virgen azul

Fue tras las grandes guerras cuando, nuevamente por cuestiones de dinero, se varió. Y aquí aparece un detalle curioso: la pigmentacion de las telas en azul marino empezó a abaratarse (prendas de oficiales militares) y fue el tono elegido para distinguir a los niños, vinculados con el combate. A las niñas, en cambio, se les dio un color más elevado de precio: el rosa, que se identificaba con la delicadeza y el lujo. Volvía a ser ese rojo degradado de las antiguas realezas, pero ahora en versión cotidiana. Para la ‘princesa’ recién nacida en una casa, por ejemplo.

nena de rosa

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