Un hijo cambia la vida, de eso no hay duda. Cambia el mundo, las horas de sueño, los hábitos de ocio, la actividad social y profesional, la relación de pareja y, en el caso de la mujer, el cuerpo más allá de la fisonomía. Tal es la transformación, tal es el giro, que abordar la cuestión de ser padres debe ser, en todo momento, una decisión tomada desde la consciencia. Un hijo es una maravillosa elección pero debe ser eso: una elección.

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En la ceremonia ‘Bienvenida al Mundo’ de Simboliza (www.simboliza.org), la pareja presenta al bebé entre y ante su círculo más cercano; a sus familiares y amigos más queridos. Es el modo de compartir y extender amorosamente el sentido de la llegada de ese hijo al mundo, además de ratificar y encaminar más aún ese ámbito propicio de desarrollo del pequeño y, al tiempo, de desarrollo de los padres. Éste es el sentido de una celebración tan llena de vida y de corazón, tan participativa y plena de futuro como ésta lo es.

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Cuando se completa el ciclo de amor a uno mism@ con el amor a una pareja como seres libres e iguales, independientes en una unidad, es muy posible que se esté preparado para recibir a una nueva persona. Esa persona no viene a hacernos la vida más bella (que también…); viene a que se le cuente que la vida es bella porque la puede crear (y creer) así si lo decide.

Un hijo es un camino lógico que completa un proceso: el de estar, sentir, actuar, vivir como un ser completo que es lo que el ser humano es.

La celebración de un hijo comienza en el momento de la decisión. De la decisión ilusionada e ilusionante de tenerlo. Saber que conlleva responsabilidades, dificultades, problemas, cambios prácticos en el día a día… pero aquí también funciona el punto de vista que la pareja adopte: mirar la paternidad o maternidad como vía de crecimiento y nuevo y reforzado compromiso y no como obstáculo a superar.

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El niño o la niña que llegará es un gran maestro que enseña tanto o más que se le enseñará a él o a ella. Estar dispuesto a vivir ese cambio es, también, estar dispuesto a transformarse.

 

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