Las medallas, un tradicional regalo de bautizo (ceremonia que en Simboliza lleva por nombre ‘Bienvenida al Mundo’) del que solía ocuparse el padrino. A mediados del siglo XIX, él era quien obsequiaba a su ahijado con una medalla de oro y la cubertería de plata con sus iniciales. ¿Cuál es el origen de esta costumbre?

Los griegos llevaban amuletos al cuello, algunos en representación de dioses. En Roma, los hijos de los llamados ‘ciudadanos libres’ también utilizaban esas medallas al cuello en forma de esfera; se conocían como ‘bulla’ o ‘bula’ y las portaban hasta la adolescencia o el matrimonio. En los nobles, la ‘bula’ era de oro; en el resto, de cuero.

bulla romana

Ya en la religión católica, la medalla más antigua que se conserva está fechada en el siglo II d.d.C y se encontró en la tumba de Flavia Domitila, sobrina del cónsul Flavio Clemente, que murió mártir en tiempos del emperador Domiciano.

De las medallas no vuelve a haber referencia alguna hasta el siglo XII. Será entonces cuando los santuarios católicos empiezan a fabricar medallas de plomo con las que se obsequiaba a los peregrinos. Estas piezas de plomo derivan con el transcurrir de los siglos hacia un perfil más artístico y materiales más nobles (plata y oro), acabando en la medalla del bautizo, símbolo de cariño y protección hacia el recién nacido (especialmente, de lo segundo).

medalla del pilar

 

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